
- AÑO: 1974
- DIRECTOR: TOBE HOOPER.
- SUBGÉNERO: SLASHER - GORE.
- TIPO DE ASESINO / M.O.: CANÍBAL. USA MOTOSIERRA COMO ARMA PRINCIPAL.
- TIPO DE RESEÑA: CLÁSICA.
La Masacre de Texas es una de las entregas de terror por excelencia que uno no puede pasar desapercibido. Todo inicia con su perfecta ambientación, no solo ambiental, sino también cinematográfica. La locura de los Sawyer, rodea a todo el círculo familiar, con distintos grados y matices. El padre un manipulador sociópata, el hermano ejecutor de las trampas, y ni hablar del psicótico de Leatherface, un carnicero literalmente. Debido a sus discapacidades mentales, Jedidiah Sawyer no puede, ni podrá nunca entender que lo que le instruyen hacer es una barbarie de magnitudes inmensas. En algún punto uno asocia a Leatherface a un animal salvaje, esperando la oportunidad adecuada para concretar su ataque, pero justamente eso es lo que lo convierte en un asesino sanguinario con una habilidad única para generar terror en su presa con tan solo su presencia. No es posible razonar con él, suplicarle, rogarle, llorarle…simplemente no es capaz de sentir esa empatía por el otro, para él, la gente es sinónimo de comida. Una tremenda película, criticando como siempre digo el sistema capitalista en el que estamos inmersos. Como todos sabrán, La Masacre de Texas está basada en el verdadero asesino serial Edward Gein, un hombre con una infancia muy difícil por culpa de su abusiva madre. En 1957 la policía de Texas investigaba la desaparición de Bernice Worden y Ed Gein era sospechoso. Al ingresar a su casa encontraron a la señorita Worden colgada cabeza abajo desde los tobillos. Había sido decapitada y la habían abierto al medio para extirparle las vísceras. Se encontraron además montones de calaveras y huesos hechos ceniceros, portalámparas, y demás objetos de adorno y decoración. Por la cantidad de huesos encontrados se calcula que mató aproximadamente 35 personas. Hechos como este te recuerdan que se debe tener cuidado al decir tan fría y banalmente que la realidad no supera a la ficción, porque la realidad es que en el mundo suceden cosas despreciables de las cuales ni siquiera tenemos conocimiento por estar aislados de una realidad que no hemos experimentado, pero no quita el hecho de que sucedan.